Reencontrando-me

Hace bastantes años leí una frase que me pareció curiosa pero no le di importancia ya que no sabía exactamente a qué se refería. Con el paso de los años la entendí perfectamente pero, en este caso, lo que me ocurría era que había olvidado cómo era la frase original y también el autor. Intenté buscarla a través de internet, preguntando a amigos y colegas, pero nada. Hasta que un buen día en el lugar menos esperado regresó a mí. El motivo de esta reflexión es el título de la entrada.

La frase es la siguiente “Si alguien pasa una semana en un país, puede escribir un libro; si pasa un año, un art?culo; pero si pasa diez años, es incapaz de escribir nada” y la autora Simone de Beauvoir. Así que durante casi dos semanas he aprovechando mi reciente viaje a Serbia y Rumanía, para recuperar parte de las sensaciones que había vivido allí. He conversado con personas tanto de Belgrado como de Bucarest para que me diesen unas pinceladas culturales.

En Belgrado, volví a recordar una de las celebraciones más características de este país: slava. Es la fiesta del santo de la familia, que proviene de la línea paterna de la familia. Se reunen en casa amigos y parientes de la familia. Tradicionalmente se celebra durante 3 días, el primero para la familia y los otros dos para los amigos. La comida depende de si es en post (especie de cuaresma) o no. Si la slava es posna no se pueden comer grasas animales, sin embargo si es mrsna se puede comer de todo. Se suele recibir al invitado dándole una papilla de trigo (slavsko žito) y se le dan tres besos a cada miembro de la familia. Tradicionalmente se suele beber rakija, una especie de aguardiente.

Las slavas más importantes se celebran en estas fechas
19 de diciembre – Sveti Nikola
20 de enero – Sveti Jovan
6 de mayo – Sveti Djordje

Durante las slavas las calles de Belgrado, otras ciudades y pueblos de Serbia son un pasacalles, ya que todo el mundo va de una slava a otra de otra familia.

Es una experiencia inolvidable.

En Bucarest, me recordaron una fiesta que quiero repetir durante toda mi vida: mar​​ţisor. Es una fiesta que se celebra el 1 de marzo y con este día la llegada de la primavera, si habéis leído bien, la primavera. Los hombres (y alguna mujer) regalan un mar​​ţisoare, una pulsera de dos colores, rojo y blanco que simbolizan la primavera y el invierno. Las mujeres deben dejar la pulsera en el primer árbol en flor que vean.

Si os fijáis bien podéis ver estos matisor en cualquier ciudad del mundo. Por ejemplo este año los he visto en Granada.

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